El lenguaje de la guerra lo podemos encontrar en todos lados, en las pintas, en El Diario, en la clásica Entrevista del Siglo y en incontable estudios que se han dedicado a Sendero Luminoso durante la década del ochenta. Este lenguaje por naturaleza configuró al otro en seres inexplicables y alterados; todo aquello que no cabía dentro de la ortodoxia marxista-leninista-maoista-pensamiento Gonzalo, principalmente pensamiento Gonzalo fue tratado de reaccionario, pro imperialista, enemigo del pueblo. En el verbo de las filas de Sendero Luminoso y en el pensamiento redondo que explicaba toda la realidad el lenguaje fue un factor principal para identificar, señalar y hasta justiciar aquello considerado nocivo para la revolución gonzalista.

Animalizar a sociedades, personajes en particular fue una de las más claras señales de Sendero Luminoso (no propia claro está), recordemos que durante los noventa solo Alberto Fujimori era considerado como la sinuosa serpiente oriental, mientras “perro” era utilizado para designar a los traidores, soplones o a cualquiera que se consideraba fiel sirviente del imperialismo. Animalizar al otro, quitarle la categoría humana por un proyecto ideológico no ha sido un tema nuevo en los Andes, el siglo XVI demostró como otra maquinaría ideológica y política fue la culpable de un conjunto de asesinatos hacía la población nativa; sin embargo Sendero Luminoso no se limitó a eliminar a las sociedades animalizadas, no solo terminó con la vida de aquellos que llamaban perros del imperialismo; aniquiló también a los mismos animales que significaba la penetración capitalismo en el corazón del mundo andino.

Un reciente estudio de María del Carmen Yrigoyen publicado por el semanario Hildebrant en sus trece da cuenta de una “Masacre animal”[1]. El guzmanismo en el Perú supuso la muerte de más de 2 millones de animales entre vacas, ovejas, carneros, alpacas, cuyes, cabras, perros y hasta peces. No hay cifras oficiales, hay aproximaciones que han mostrado la brutalidad, odio y hasta irracionalidad (en términos de indignación) de muchas huestes de Sendero Luminoso; aunque en el fondo encontremos situaciones estratégicas, un proyecto ideológico, etc. El presente texto no pretende estudiar más allá de lo que ha mencionado María del Carmen, tal investigación es un pendiente, solo mencionaremos los puntos más esenciales de unos de los últimos estudios que más nos han interesado por el tema, la humanidad, el tratamiento, lo novedoso, etc.

Hay una bibliografía abundante sobre las victimas de Sendero Luminoso, otro tanto sobre los militantes de Sendero Luminoso como víctimas, y también sobre las víctimas del Gobierno; tenemos la monumental (y a veces imperfecta) CVR, y se complemente por ejemplo con los estudios sobre la participación de las mujeres dentro del proceso (Kimberly Theidon, Robin Kirk). Hemos visto desfilar a través del discurso académico a militares (desde la historia policial de Benedicto Jimenez), a pastores evangélicos, campesinos, estudiantes universitarios, dirigentes barriales, mujeres; sin embargo poco se ha escrito sobre los niños, y también sobre animales. La exclusividad de la historia como ciencia de los hombres (Bloch, Febvre, aún Heródoto) ha ocasionado hasta cierto punto su insensibilidad por otros seres vivos, nos referimos a los animales que han sido tratado solo de manera periodística, en crónicas o hechos excepcionales cuando es materia de interés, fuera de eso no hay estudios sistemáticos. Así, como los ríos o el medio natural, los animales no pueden ser historizados como sustancias autónomas, de alguna manera lo que ha venido haciendo la historia ecológica (un buen referente es Juan Martínez Alier) o la historia del clima (tomamos al gigante Emnnauel Le Roy Ladurie para ello) veremos que hay una relación constante y dialéctica entre las acciones del hombre y el medio que lo rodea; el ejemplo usado por Marc Bloch en relación al lago y la ciudad en Introducción a la Historia nos da la clave para estudiar hechos que se sitúan más allá de las acciones meramente humanas. Así, el medio natural puede ser investigado en tanto moldea, y es moldeado por los hombres que son sus seres pobladores. Lo mismo puede ser aplicado para el caso de los animales, aquellos seres con almas sensitivas como decía Aristóteles, muy diferente a la capacidad intelectiva de los hombres, que incluso crearon un saber que sirvió como autorreconocimiento, nos referimos a la Historia. De esta forma, los animales pueden ser materia y objeto de estudio en tanto su relación con los hombres modifican su conducta, su sensibilidad, su aparato civilizatorio (Norbert Elías), sus necesidades, etc; de alguna forma las crónicas sobre el sufrimiento animal nos da indicios sobre las sensibilidades humanas, sobre su crueldad o compasión.  

Cuando aparecieron perros colgados en la ciudad de Lima como una afrenta al revisionismo chino de Teng Xiao Ping, nadie se imaginaba que no solo los hombres serían víctimas de una guerra humana, sino también los animales; y no como elementos tangentes de ataque (como los caballos durante la Primera Guerra Mundial) sino también como objetivos a eliminar. Las principales zonas de exterminio animal fueron Junín, Ayacucho, Huancavelica y Puno, los primeros son considerados departamentos pobres, cuyo modo de vida para esos años era la autosuficiencia en base a las actividades del campo, el pastoreo y la cría de animales. Sendero Luminoso en ese sentido no solo trató de penetrar una ideológica importada, ajena a las condiciones económicas del mundo andino; sino alteró significativamente la vida de los hombres mediante el exterminio de su vida económica y social.

Los principales afectados fueron los gerentes empresariales; en algunas zonas de Puno, los animales ya no eran solo vestigios de la vida rudimentaria, sino empezaban a ser señales de un ingreso industrial moderado, una aceptación capitalista en un mundo tradicional que ya hablaba José María Arguedas en sus novelas. Así, como dice el informe de María del Carmen, los senderistas entre 1985  1988 mataron un millón de reses, alpacas y ovejas, acompañando esta masacre con la destrucción de la maquinaria, la infraestructura y por supuesto el colgamiento de los técnicos empresarios. Todo aquellos que significaba capitalismo e imperialismo, desde la idea al objeto era un objetivo a desaparecer. El proyecto consistía en ahorcar económicamente a los campesinos para que ingresaran a la guerra obligados por la necesidad.

Harold Chaves, veterinario y ex gerente de SAIS[2], quien fue consultado para el informe citado mencionaba como los guerrilleros senderistas mataban a los mejores animales, a los más finos, los usados para la reproducción, a los que eran parte de un proyecto de mejoramiento genético. Una investigación del periodista Carlos Oviedo menciona como en Posoconi los senderistas arrasaron con 10.000 cabezas de vacas, ovejas y alpacas, en Macaya (Azángaro) mataron 35.000 cabezas de ganado, y en Kennamari sacrificaron 2.000 vacas y ovejas, en Cerro Grande degollaron 1.000 reses y 500 alpacas, en 1985 en Pasincha (también en Azángaro) se quemó un establo con todo el ganado adentro. Carlos Tapia, otro participante del informe, señala que Sendero mataba a los animales porque formaban parte del sistema imperialista, mataban al ganado de linaje, de sangre.

Ponciano del Pino nos habla de una relación íntima entre los animales y los pobladores; y en efecto existe, hoy en día muchos pobladores ven a sus animales más como simple objeto de ganado o medio de vida, los ven como compañeros en las lejanas montaña, les ponen nombres, no solo a los perros, también a las vacas, toros, y en épocas de frió llegan a dormir junto a ellos, sin que ello suponga un símbolo de vida rudimentaria o atrasada, estamos ante sociedades que establecen relaciones afectivas producto de la interdependencia mutua, así como lo sucedido con los caballos y los beduinos del desierto en el Medio Oriente hace siglos. Las fuerzas de la naturaleza como los manantiales, las lagunas, ríos, y aún los animales, los silvestres (como los pájaros) como los de ganado, son parte de la vida cotidiana de los hombres del ande, están presentes en sus tradiciones, fábulas, canciones, y fiestas. El testimonio recogido por Carlos Ivan Degregori (y citado por el informe) señala y evidencia esta consideración durante la matanza de Allpachanca, “Cuando estábamos matando a los animales las campesinas empezaron a llorar: ¿Al pobre ganado por qué lo matan así, qué culpa tiene?”.
  
La incomprensión de esta relación íntima entre los campesinos y su ganado solo es explicada por el obnubilamiento de su proyecto ideológico, desterrar del medio andino todo aquel atisbo de imperialismo era una necesidad para ganar la guerra, aún tratándose de los animales, como ocurrió con las fiestas, con la religión, etc; todo aquello occidental pretendía ser desterrado. Así, el ingeniero Santiago Ramón dijo que 400 de sus vacas fueron muertas porque era rezago de la oligarquía. En Lachocc por ejemplo se asesinó a las alpacas que estaban siendo sometidas a un proyecto de mejoramiento genético,  mataron 165 alpacas en 1984, y en 1987 a 500, al año siguiente luego decapitaron a cien mil animales. El exterminio de la población alpaquera destruyó en medio tiempo la capacidad del lugar a salir de su pobreza, los llevó al límite.

La forma de matar a los animales en realidad no importaba para los senderistas, podrían dispararles, degollarlas, decapitarlas, o simplemente quemarlas (posiblemente esta técnica era más fácil e implicaba ahorro de balas y de energía) por ejemplo en las alturas de Huarochirí mataron a 2.000 alpacas echándole gasolina y quemándolas vivas. Los objetivos, como recordamos era todo aquel elemento que provenía del imperialismo, las SAIS fueron vistas como agentes de la penetración occidental, por ello las atacaron. Una de ellas fue la de Tupac Amaru, ubicada en Pachacayo, en 1986 asesinaron a su administrador y sacrificaron 200 cabezas de ganado, no contentos con ello envenenaron las pisciculturas matando a más de un millón de peces.

Por último, los animales también fueron robados como suministros de las huestes, por ejemplo tomaban los cerdos, patos, y gansos como  menciona una veterinaria en Pucallpa, y también fueron usados como medios de capacitación. Los perros en las ciudades eran víctimas de captura para insensibilizar a los guerrilleros, así como los sinchis mataban a los perros y se pintaban las caras con su sangre, los senderistas hacían lo mismo para su gente, hoy muchos militares presumiblemente hacen lo mismo. Los perros del campo tampoco se salvaban, cuando los senderistas huían de las ciudades y obligaban a los campesinos a ir con ellos, muchos de estos perros (que se les conoce como cuidadores) seguían a sus dueños, entonces los guerrilleros obligaban a los campesinos a matar a los perros (como a las gallinas) porqué hacían bullas y podían ser detectados fácilmente, muchos fueron ahorcados y colgados de los árboles.




Esta masacre animal dentro de un proceso más crudo como el que vivió el Perú durante los ochenta parece incluso irrelevante, frente a las exhumaciones de muchos campesinos muertos y enterrados clandestinamente parece que tratar a los animales como víctimas y extensión de un proyecto ideológico resulta un elemento fútil, sin embargo creemos que las conductas y reacciones ante estos hechos evidencian la crueldad y sensibilidad de una forma dialéctica de las guerrillas por una parte, como de los campesinos por otra. El estudio de la violencia como una relación de fuerza como dice Robert Muchembled nos permite conocer y comprender por qué una sociedad como la nuestra sigue teniendo conductas producto de un aparato psíquico que permite, festeja y celebra ciertas actitudes violentas hacia los más débiles (como los animales por ejemplos), Sendero Luminoso rompe el esquema del Estado weberiano, donde la monopolización de la violencia no tiene éxito porque nunca efectivamente la tuvo, solo a manera de discurso oficial. El Estado aún ahora no quiere tal encargo, no monopoliza la violencia, más bien a ésta la vemos dispersa como discurso occidental en cualquier lado, en el discurso audiovisual y como práctica cotidiana.






                                       LOS "ANIMALES" DE LA  2 DA GUERRA MUNDIAL


En tiempos de guerra, los ejércitos humanos muchas veces buscan la ayuda del reino animal. En conflictos pasados, los caballos, elefantes, y camellos transportaban a hombres y provisiones, las palomas llevaban mensajes; los perros seguían a los enemigos y protegían a las tropas. Sus esfuerzos ayudaron a cambiar el rumbo de las batallas – y las fortunas de muchos soldados de combate.
Siguiendo con esta tradición, las fuerzas armadas estadounidenses usaron miles de animales durante la Segunda Guerra Mundial. Éstos se encontraban en cada parte de la guerra- eran trabajadores y guerreros, eran acompañantes y compañeros de batalla. Su presencia generalizada en los campos de batalla fue documentada por fotógrafos oficiales del gobierno que cubrían la guerra. Hoy en día, cientos de fotos de perros, gatos, y caballos se pueden encontrar entre las retenciones de la Segunda Guerra Mundial en la Still Picture Branch de la NARA (Administración de los Archivos y Récords Nacionales) en College Park, Maryland.
En 1993 la NARA inauguró “Amigos: Soldados y animales en la Segunda Guerra Mundial,” una exhibición de 36 de esas imágenes. Como parte de la conmemoración de NARA del aniversario número 50 de la Segunda Guerra Mundial, la exhibición se está presentando en varios museos en todo el país.




Trabajadores y guerreros
Los caballos, burros, y perros fueron utilizados a menudo por las tropas americanas para trabajos en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Los caballos llevaron a los soldados en misiones de patrullaje en Europa y en batalla en las Filipinas.   Las mulas, entrenadas en los Estados Unidos y enviadas por miles a las zonas de guerra, contribuyeron su fuerza y sudor a la batalla. Cargaron sobre sus espaldas la comida, armas, y a veces a los hombres de  unidades enteras de la infantería.



Más de 20,000 perros se incorporaron en el ejército de los Estados Unidos, la Guarda Costera, y los Marines. Ellos vigilaban y protegían sus campamentos y provisiones, llevaron mensajes, y rescataron a pilotos caídos. Los perros de búsqueda (scout dogs) llevaron a las tropas por los territorios de sus enemigos, descubriendo emboscadas, y salvando las vidas de pelotones de hombres. En medio del combate, los perros de guerra demostraron su inteligencia, valentía, y firme lealtad una y otra vez. Muchas de las fotos en las retenciones de los Archivos Nacionales documentan las hazañas-- y el sacrificio--de los animales guerreros de América.




Compañeros
Muchas de las unidades militares estadounidenses adoptaron mascotas durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque tradicionalmente fueron consideradas como figuras de buena suerte, en realidad eran mascotas que pertenecían a todos los hombres de un escuadrón, compañía, o barco.
Las fotografías militares muestran que algunos soldados individuales también tenían sus propias mascotas. Algunos las trajeron en secreto de los Estados Unidos, sin embargo más frecuentemente las mascotas eran animales de la zona de guerra que fueron abandonados por causa de la guerra. Para el perro, gato, o pájaro adoptado, estar bajo los cuidados del soldado significaba que podrían sobrevivir, mientras para el soldado, su mascota significaba consuelo y compañía en los brutales campos de batalla de la guerra. “Buddies” (Amigos) conmemora las relaciones sinceras y duraderas entre los soldados y los animales durante la Segunda Guerra Mundial.







https://www.archives.gov/espanol/prologue/soldados-y-animales







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